Mon 4 Jun 2007
noticias&protagonistas.com
Mar del Plata, 04 Junio 2007
Las barbas en remojo.
El año pasado el Concejo Deliberante aprobó una ordenanza para migrar todos los sistemas informáticos a software libre. Hasta el momento, y pese a que la norma ya está promulgada por el Intendente, nadie ha movido ni un dedo para concretarla. La Municipalidad está desaprovechando una gran oportunidad de dar un paso importante hacia la legalidad y asegurar la información de los vecinos. ¿Por qué no lo hace?
No hay demasiados misterios: comodidad. Sí, así como se lee. Hay una gran falta de compromiso por parte de los funcionarios de segundas líneas y de los empleados de la planta permanente para con la función pública. El concepto de que “lo que es del Estado es de todos, y en definitiva de nadie”, se ve plasmado de manera absoluta en este caso.
El año pasado, el concejal socialista Juan Carlos Cordeu y sus equipos técnicos presentaron el proyecto tendiente a que la administración pública municipal migre los sistemas informáticos a soluciones de software libre. Ya se va a cumplir un año desde que las diferentes comisiones del Concejo Deliberante aprobaran la norma y, sin embargo, nada se hizo aún. Además, la ordenanza está debidamente promulgada. Entonces, ¿habrá algún empleado o funcionario incurriendo en mal desempeño de sus deberes?
Costos y seguridad
Cuando se puso en discusión el proyecto original había dos elementos a considerar: el costo del pago de las licencias originales que la Comuna debería abonar a Microsoft Argentina, y la seguridad de los datos de las cuentas de los vecinos.
Sobre el primero de los puntos hay algunas observaciones que destacar. La Municipalidad tiene 1200 PC para las cuales, a fines del año pasado, caducó el servicio de asistencia de Microsoft para su sistema Windows 98. Para que la Comuna siguiera al ritmo de los tiempos debería haber reemplazado ese sistema por Windows XP. Pero para que eso ocurriera, también debería haber comprado hardware para reponer el parque informático en desuso, todo esto con licencias pagas y originales. De haber ocurrido, el costo de inversión habría rondado el medio millón de dólares sólo en licencias, teniendo en cuenta que Windows comercializaba su licencia XP en u$s 400 y que cada licencia es única.
La pregunta del millón es qué ocurrió. Nadie lo sabe, pero se presume que se estaría trabajando con Windows 98 sin resguardo de soporte técnico de la empresa o con versiones XP clonadas, en muchas, pero muchas de las máquinas que hoy existen en la administración central.
El segundo tema tiene que ver con la confidencialidad de los datos. Ya en el 2002 este semanario denunció que los datos más sensibles de la gente estaban en manos del proveedor del servicio de software. Esto es bien sencillo de entender. La Municipalidad contrata empresas particulares para el desarrollo de sus programas que tienen el derecho de conservar la propiedad intelectual sobre su desarrollo, porque no se les exige que trabajen en software libre. Por lo tanto, la Comuna no tiene la chance de inspeccionar el código fuente del programa ni mucho menos de auditarle. Debe trabajar con un “paquete cerrado”. Eso hace que los usuarios, al menos, se pregunten si el sistema es absolutamente invulnerable. Demasiado riesgo para un ente público que debería velar por la seguridad de su información.
Desidia
Este medio está en condiciones de afirmar que no se hizo nada para migrar a software libre, simplemente por causa de la absoluta comodidad de los técnicos municipales, muy tranquilos sabiendo que si los empleados operan Windows estarán trabajando con algo mucho más familiar. Suponen que de esa manera se evitan posibles errores de operatividad.
Pero, en realidad, no es así. En el municipio de Rosario, con más de 1.200.000 habitantes, se ejecuta el sistema Munix, un programa desarrollado por ellos mismos. Durante el 2006, la ingeniera Mariela Bornemann, responsable del programa, dio una charla para los técnicos municipales y el público en general explicando cómo se llevó a cabo la migración y de qué manera los empleados de aquella comuna asimilaron los conocimientos sobre software libre. Y también les advirtió: “no crean que es sencillo, requiere un porcentaje de política y una gran dosis de transpiración”. Parece que los muchachos de aquí no se animaron ante el requerimiento de enseñarle a la gente y esperan que cambie el signo político para que todo quede en el olvido.
Actualmente, los países más importantes del mundo están migrando sus sistemas. La Unión Europea recomendó a todos los estados miembros que operen sobre plataformas de software libre. En Latinoamérica, el municipio de Porto Alegre, Brasil, ya trabaja sobre plataformas libres. En Argentina, el gobierno de Néstor Kirchner está comprometido con la migración. En nuestra ciudad, donde la herramienta está aprobada y promulgada, nadie mueve un dedo.
Es una lástima que tanto esfuerzo no se pueda capitalizar, que habiendo en nuestra misma ciudad tanta gente que de a poco se anima a usar software libre todavía el gobierno local siga mirando para otro lado, como si no fuese un tema propio de los marplatenses.
La gran pregunta es: resolver este tema ¿también será responsabilidad del próximo gobierno? Muchas veces la comunidad cree que los políticos no trabajan, que a ninguno se le cae una idea, que están sentados cómodamente mirando pasar la vida. Pues bueno, en este caso vaya una reivindicación. Los que parecen cómodos mirando pasar la vida son, justamente, los empleados que se amparan en la estabilidad que les ofrece un empleo público.
Nadie les pide cuentas y por lo tanto nadie las rinde. Los marplatenses deben saber de qué se trata, deben saber que si alguna vez llegase a la Comuna un juicio de la empresa por no contar con las licencias para cada computadora, no será sólo responsabilidad de los políticos. Aunque a algunos no les guste.